AGRADECIMIENTO
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Dijo la poeta:
“Que Dios y los hombres me perdonen este libro amargo.”
Humildemente añado:
“Como a Dios y a los hombres perdono
el mundo en que vivo.”
del mismo con que alguien, cada día,
se perdonaba, porque sí, la vida,
sin saber que enseñaba a perdonarla.
A Gustavo Adolfo Becquer, Gabriela Mistral, Emily Brontë, Samuel T. Colleridge, Robert Browning, , Antonio Machado, Miguel Hernández, primeros maestros que en mi inancia y juventud me enseñaron el valor infinito de la poesía, y a todos los que han seguido enseñándome hasta hoy, .con mi agradecimiento perpetuo, quién sabe si eterno.
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PROEMIO
En el umbral de todo, yo,
causa primera inevitable de todo lo demás.< xml="true" ns="urn:schemas-microsoft-com:office:office" prefix="o" namespace="">
Prefiero calle.
A veces la osadía de una plaza,
espacio reservado
a los dueños de casas, niños, perros.
Uno, que no se siente propietario,
prefiere calle y en la calle verse
mancha en la que la luz se identifica
bajo el ojo encendido,
luz bajo el fango negro,
bajo las aguas, tierra impermeable,
al viento, vela terca,
víscera agradecida al azul tibio.
Para huir de ventanas y cubículos
y plantar cara chula a los palacios
y confundir el tiempo con distancia
y creer inmortales los zapatos,
calle.
Con parada en café de vez en cuando
para ver otras manchas, luces, tierras,
otras velas hinchadas a otros rumbos
con igual repertorio de quimeras.
Para ver otros ojos
queriendo desgarrar ropas y pieles
y curarse del frío en otra médula.
Para oír otras lenguas
rebotar en los tímpanos en busca
del eco que confirme su existencia.
Y dejar que confunda el alboroto
y permita creer, por un instante,
que gestos y miradas y palabras
encuentran su destino y uno es todos.
Luego, calle.
Aunque la calle diga que no hay otro
con mis ojos, mis piernas y mis hambres
y que no hay más que uno bajo el foco
de una sola conciencia
y uno revuelto entre las aguas negras
de su propio torrente, uno y solo,
sin espejo, sin eco,
circunscrito a sus propios subterfugios
para corroborarse.
Calle prefiero
para que nadie más que yo me engañe.
Con parada en café de vez en cuando
para, de vez en cuando, recordarme.

