CLAROSCURO

 

Algunos dicen que eso que me piensa

vive fabricando y organizando

dioses, doctrinas, números, conceptos

en una cumbre siempre luminosa,

perpetuamente helada.

 

Entonces,

cuando las palabras pugnan por decir

y salen y dicen y respira un verso

y de piel adentro todo se conmueve,

 

cuando el número se hace melodía

que parece salir de las entrañas

y a las entrañas llega,

 

cuando el dios del alma

aparece diáfano en su teología  

y el alma le abraza

y con él se pierde por la vía oscura,

 

cuando yo me pienso,

cuando pienso al otro

y en ese sólo punto se condensa

todo el amor, todo el dolor,

todo el asombro,

todo

 

¿cómo es que la voz de eso que me piensa

sale de la sima donde arde mi fuego?

 


       

HOMO

 

A veces se pregunta cómo es posible

que cubierto de llagas se arrastre

con la cabeza erguida,

que busque sin tregua,

bajo el fétido techo de su madriguera,

un cuerpo sin mácula,

un alma sin grieta,

un amor sin mácula, sin grieta y sin tiempo.

 

¿Quién sembró en sus ansias  lo que nadie supo?

¿Quién gravó en sus ojos

el paisaje límpido de otro universo?

Quieren responderle antiguas leyendas

que hablan de un destierro.

¿Qué extraña justicia las llama perversas?

 

A veces intuye que es pura pregunta;

la muerte, respuesta,

que una vida eterna de pura certeza

no sería la suya.

Si vida, sería vida de otra cosa.

 

Que nadie responda.


 

 

SANGRE Y PALABRA

 

Bajo las lunas de los locos cantan

Sangre y Palabra.

 

No se entiende la letra.

No se entiende la pauta

 

No hay nada que entender.

 

Sólo que cantan.


 

 

A MI HIJO

 

Tu eres eso que vive

bajo tu propia piel impermeable

transformando las cosas en tus cosas,

anhelando, esperando sin sospechas

la presencia de otro.

 

Yo soy eso que vive

bajo mi propia piel impermeable

transformando las cosas en mis cosas,

ya casi inmunizada a la confianza,

casi sin otro anhelo ni esperanza

que seguir anhelando y esperando,

creyendo

que hay otro como tú, como yo,

que también nos espera en otra parte

garantizando el día

en el que llegarás a perdonarme

como yo habré llegado a perdonar

a mis padres. 

 

 

 

PAISAJE Y COMPAÑÍA

 

La vía pierde el gris, se vuelve luces

que corren hacia el fondo

donde el azul se mezcla con el rojo

para crear la noche

sobre lejanas cúpulas de plata

entre árboles de bronce.

 

Al final de la vía

espera, la Belleza, la mirada

del solitario que la reconoce

para pasar la noche en compañía.

 

Y llega

el ojo de ver cosas,

cansado, polvoriento, dolorido

de chocar contra límites visibles.

La ve. Se cierra.

 

Despierta el ojo

de contemplar el mundo indescriptible

donde se mira el Creador y engendra

amándose sin tiempo.

La ve. Se llena.


 

 

EMBAUCADOS

 

Lo dijo el Cohelet:

Vanidad, vanidad.

Bajo este sol no brillará jamás

materia de otro fango que este fango.

 

Y hay que ver cuánto esfuerzo denodado

le exigió esta verdad

y cuántas letras vanas

tuvo que dibujar para explicarla.

 

Vanidad, vanidad, que no nos falte

para ignorar las rejas de la jaula.

 

 

EL EMBAUCADOR

Al artista

 

Le imagino buscando colores

para hacer mentiras.

Le imagino previendo mis ojos

con una sonrisa.

 

Sabe muy bien que aunque descubra el truco,

me tendré que creer lo que me diga

a cambio de otro espacio,

otro tiempo,

otra vida.


 

 

POR UNA VENTANA

Contemplando un cuadro de A.B.P.

 

Hay dos casas viejas

contra una montaña de verdes perpetuos.

Un cielo, indeciso,

 no sabe si anuncia el sol, la tormenta.

 

Los tejados  negros hablan de cobijo.

Detrás de las puertas

un silencio oscuro parece que espera

que alguien se detenga,

 

que sienta los pasos subiendo, cansados,

por los escalones,

que intuya el descanso

con los ojos fijos en los pensamientos

que encienden las noches,

 

que vele la vela del oído insomne,

que acompañe al sueño por los vericuetos

donde se habla el alma,

que reciba al día, sus penas, sus miedos

y sus mil dolores

dándole las gracias a quien haga falta,

 

que observe en silencio, tras una ventana

al ojo foráneo que fuerza la entrada

buscando el abrazo

de otras soledades que miran, curiosas,

desde otras ventanas

para darle al alma su ración de engaño.


 

 

OTRO ARTISTA

 

Ese trazo, esa luz,

luz oscura de nervios y de venas,

esa sangre

que todo lo dibuja inverosímil

eludiendo el desvío a la conciencia,

esa vida

que es vida de mentira que no miente

que es sólo que  no sabe

vivir de otra manera,

¿será acaso

otra especie de arte?

¿Será el arte

de otra especie de infierno?

 


 SUPERVIVENCIA

 

Sueña el recuerdo una calleja estrecha

de piedras gaseosas.

Donde el tiempo y los pasos esculpían

la forma irrepetible

que hacia cada canto

sólo igual a sí mismo

y el camino distinto a cualquier otro,

ya nadie pondrá el pie.

 

La venció el abandono.

Los muros, que no casas, se doblaban.

Sobraban las ventanas sin pupilas

y las puertas que ya nadie abriría

ni al afán ni al cobijo.

 

Y acudieron las máquinas.

Y acudieron los nuevos constructores

a erigir otros mundos

donde albergar más cuerpos desahuciados.

Y otra calle empezó el fin de otra historia.

 

Pero vive el recuerdo. Al amparo

de una memoria terca

las piedras singulares sobreviven

con los días contados.

 

Tal vez anhelarían, si anhelaran

haberse hecho recuerdo en la Memoria

donde tal vez pervivan las memorias,

donde tal vez las calles sean eternas.

 


LIGERA 

      A  Josefina de la Iglesia Gil, Miss Deyka, Mrs.Fassman, mi madre.

 

A Doña Pilar Gil de Elola que la enseñó a soñar. 

 

            I

Ya no la sigue

aquella que entre hedores de miedo y muerte,

y truenos mortales y aullidos urgentes,

cantaba en su oído, morucha,  muy quedo,

coplas que perfumaban los muros negros

con clavel tempranero.

 

Se le han perdido

las aguas ardientes de aquel mar primero,

el aire cargado de azufre y azahar,

el llanto del náufrago en naves extrañas,

la arena que llora su rabia

porque no se va.

 

No puede encontrar

las fértiles calles donde florecían

ingenio y astucia a la par que el hambre

ni los pies ansiosos que las caminaban

buscando la vida que sólo latía

allende los mares.

 

Se le perdió el barco

en el que una noche huyó de las sombras

dejando en la costa  huesos de sus huesos.

 

Perdió el nuevo puerto, la médula nueva,

el ansia de rutas buscando la tierra

de la luz perpetua.

 

Volaron los fuegos.

Volaron los humos que los delataban.

A los siete vientos fueron las cenizas

de amores eternos.

Ya no encuentra nada.

 

Arrastra, ligera,

los pies por el día

sin dejar más huella

que la que dejara

en memoria ajena.

 

Memoria,  recuerda,

recuerda,

recuerda,

recuerda,

recuerda. 


II

Va por un pasillo como  si  por otro.

Dicen que a la larga

un pasillo es igual  a otro pasillo.

 

Los vivos y los muertos la acompañan

por el camino.

Vivos y muertos son la misma cosa

en el olvido.

 

En el olvido vive  por justicia

que tanta vida

tal vez  no  mereciera recordar

que había de morirse.


 

TODAVÍA, LA VIDA

 

He llegado a la lágrima difícil,

a la satisfacción sin alegría,

al horror sin temblores,

sin embargo

aun distingo la gota de sangre

que ilumina el lodo.

Todavía

me dura el asombro.


COSAS DE VIEJOS

 

I

Ya salieron  

la tierra, los huesos de los muertos,

la sangre

de los futuros vivos exigiendo

añejos compromisos.

Perdona, hijo,

que son cosas de viejos.

 

II

¿Será misterio

que valgan mil dolores más que un cielo?

 

III

¿Adónde vamos a parar?

Ay, no paremos.

 

 


CONTEMPLANDO UNA CARICATURA

de M. B. P.

 

Figura

sentada frente a un libro gigantesco

sobre un montón de libros,

al lado de otros libros,

con los ojos clavados en los libros

de un armario repleto de libros.

 

Nariz ensanchada y alargada

como el lobo del cuento, olfateando

tinta, papel, humo de cigarrillo.

 

Aire girando en un encierro turbio.

No hay puertas ni ventanas. No hay salida

como no pueda hallarse en algún libro,

como no pueda abrirse con la pluma

que sujeta una mano, como lanza

a punto de clavarse en un tintero.

 

No sorprende

la sonrisa forzada,

la ceja que se arquea interrogando,

la pupila perpleja tras el cristal de aumento.

Se intuye

la tensión ante el caos

a punto de ordenarse,

el misterio de los primeros días

en que el mundo comienza

a depender de un alma,

la soledad del hombre ante las cosas

a las que ha de nombrar para hacer suyas.

.

Soledad angustiosa que no es buena,

como viera el Creador, benévolo.

“Demos al hombre un perro.”

 

Un perro diminuto

ha logrado escalar la biblioteca

y apostarse en su techo.

 

“Demos al hombre un gato.”

Un felino rollizo

ha preferido el suelo.

 

Se sospecha

que en ese mundo oscuro alguien pretende,

enmendarle la plana  al otro mundo.

 

Se percibe el  agobio.

Se presupone el miedo.

 

La sonrisa se vuelve necesaria.


 

LA MUSA DERELICTA

 

¿Qué es poesía? preguntó al poeta

una pupila azul.

 

¿Qué es? A ver. Mortales,

esclavos del azar, insaculados,

inermes –mamo, mamas- desvalidos,

desde la evacuación extemporánea

del dextro abdominal

a una selva sin ramas de autopistas

por donde, como simios en porreta,

vamos de este peaje a otro peaje,

entre lo caducado y lo incognoto,

para ir a hacer puñetas.

Poesía eres tú. Poesía soy yo.

 

Ontológicamente cual porcinos,

psicológicamente mito-manos,

vilísimos esclavos de la amígdala,

esclava ésta, a su vez, del hipocampo,

-o viceversa que da igual el nombre

de lo que nos acora-

pasamos de lo uránico a la piara,

tenaces transfusores de pretéritos

transfijos por el miedo a lo que pasa

y a lo que pasará y a lo que vino

y a lo que ha de venir con la esperanza

de que pierda el camino.

Poesía somos todos.

 

 

Y más. Son estas sillas 

de esta sala en tinieblas,

la mugre que les hace de sudario,

sudario que desmiente los momentos

contando lo que fue, lo que no ha sido,

lo que sin ser,  ha muerto.

 

Este reloj que engorda con segundos

que no le quita al tiempo

recordando, aun así,  a todas horas

al  impiadoso

principiador de todos  de los finales,

ejecutor indemne de hipotecas,

punidor de codicias

rematador avieso de esperanzas.

 

Es estarse a la vera de la nada

elaborando siempres imposibles

mientras se  burla el universo entero

con el nunca en la punta de la lengua.

 

Es querer pasear lo impertransible,

vivir el no vivir

en lo perecedero de lo eterno,

padecer lo remoto de lo próximo,

llorar por lo nacido y lo no nato

lágrimas de cinismo vesicante

que vayan corroyendo cuanto ha sido

y lo que pueda ser.

 

Es el dolor perpetuo,

transcendente, incurable,

de ser conciencias lúcidas sabiéndonos

monstruos irredimibles,

víctimas trágicas

del día loco en el que la natura

quiso cruzar un ángel y una mula.

 

Es defender la libertad y el predio

blandiendo el sinónimo inaudito

contra la tiranía de lo añejo,

logogar los garbanzos,

neumonizar los plásticos,

hipercumbrar lo estólido

a la categoría de vesánico.

 

Es transformar el mundo verbi gratia,

de arriba abajo y de derecha a izquierda

para reconciliarle con su mierda.

 

Y es también ritmo,

por ejemplo, once y siete. O no.

Algo de rima, como quien no quiere,

a fin de efecto: izquierda, mierda, ¿captas?

O no.

La norma aplasta,

la libertad da vuelo. Da lo mismo

si se dice por libre o no se dice,

la cosa es que se diga o no se diga

sin ningún parapeto.

 

En fin, lo dijo el griego,

poesía es la vida, y la vida

un puro pataleo

en el que todo vale.

 

Poesía será lo que tú quieras.